Descarga la guía

En 2008 dejé un buen trabajo como Ingeniero en París para dar la vuelta al mundo. 
Me deshice de mi traje y mi corbata y a los 25 años me fui con una mochila y un acordeón.
Para explorar otros caminos.

Viajé mucho.
Durante 7 años. 

Para vivir, trabajaba cada tanto, cuando llegaba una oportunidad.
Recolecté manzanas y uvas en Vancouver, Canadá
Vendí árboles de navidad en las calles de Nueva York.
Pinté un mural de 15m2 en Granada, Nicaragua.

Y por todos lados tocaba el acordeón en la calle. 
La verdad es que no toco muy bien. 
Pero lo hago con una gran sonrisa.
Y ese es el secreto.

En un momento del viaje pensé que si alguna vez quería tener una familia y una casa, un día tendría que parar.
“Tendré que dejar mi acordeón y volver a la vida normal”

Es que una casa cuesta 200.000€ y no es solo con una sonrisa y 10 canciones como puedes pagarla.
Ya me imaginaba volviendo a ponerme la corbata.

De casualidad participé en un festival de música en Ushuaia en la Patagonia Argentina. 
En el camping los organizadores habían construido unas cocinas de barro.

La verdad es que la primera noche,  dejamos la cocina un poco destrozada.
No funcionó, y nos fuimos a dormir sin cenar.

Al día siguiente el organizador, Ezequiel, vino a vernos y con 3 ramitas, 2 puñados de hierba seca y un poco de barro la volvió a construir.
Me impresionó mucho.
Así que lo acompañe para construir otras. 

Me quedé con él toda la mañana, fascinado con lo fácil e inteligente que era el sistema.

Allí me comentó algo que me cambió la vida para siempre.

Me dijo: ¿Sabes que se pueden construir casas de barro?

¡Me exploto la cabeza!
No… una casa cuesta 200.000€ y tienes que pagar a alguien para que te la construya.
No la puedes construir tú. 
Y menos con barro.  

Pues sí. 
Sí se puede.

Este día se abrió un nuevo camino.

Esto fue en febrero del 2013. 
Poco después conocí a Alicia en un Curso de Bioconstrucción.
Y 10 años después hemos construido y renovado varias casas.

Todo empezó aquel día con Ezequiel.
Todo cambió cuando una idea nueva rompió una creencia bien anclada en mi cabeza.

Muchas veces tenemos una sola manera de ver las cosas. 
Viene de nuestra educación o de nuestro entorno. 
El mundo es así y no de otra forma.

Pero si dejamos la puerta abierta, es cuando opera la magia.

Y si hoy deje de tocar acordeón, es porque hay miles de cosas apasionantes para aprender, experimentar y compartir.

Yo sigo con la sonrisa, 
pero esta vez la tengo mientras enseño a construir casas de barro.